Mi viaje con Darwin

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Mi viaje con Darwin

Ignacio Concha, divulgador y alumni del Máster Universitario en Estudios del Discurso, nos invita a leer su novela Darwin en el país desconocido.

Esta es la historia del viaje de dos tipos, uno que no es conocido y otro que bastante. Yo, que partía como piloto e instigador de la travesía, vi en algún momento cómo Charles Darwin pasaba al volante (o al timón, debería decir) de mi novela Darwin en el país desconocido, así que me dediqué a mirar de reojo a este personaje y cómo, poco a poco, adquiría vida propia en mi novela. Él tomaba el mando de un camino que ni yo mismo sabía cuál era, pero más adelante hablaré de eso…

Darwin y la polémica

Lo más obvio que se puede decir de Darwin, del histórico, es que estuvo rodeado de polémica. Afirmó sobre los humanos dos cosas muy importantes: la primera es que todos somos de la misma especie. Esta afirmación se fraguó tras sus encuentros con los indígenas de Sudamérica, lo que fortaleció su teoría sobre un ancestro común. Recordemos que en aquella época, africanos e indígenas eran considerados una especie distinta de los blancos.

Lo segundo que dijo, y que terminó por escandalizar a la élite de Occidente, es que nos emparentábamos con el mono. Esto último generó tremendas controversias en toda Inglaterra. Han pasado a la Historia los dibujos satíricos de Darwin con cuerpo de mono y arriba de un árbol, que por aquel entonces publicaron en los tabloides y que dieron lugar a intensos debates para desautorizarlo. Con tal objetivo, a estos debates se invitó a participar al mismísimo capitán del barco Beagle, Robert FitzRoy, testigo de las expediciones de Darwin. Por aquel entonces, incluso un obispo ingenioso preguntó si descendía de los primates por parte del padre o de la madre. El carácter entre absurdo y cómico de estos hechos se refuerza aun más si nos remontamos a los azares que lo llevaron tan lejos.

Cinco años en el Beagle

Un tiempo antes de tanta controversia, el capitán FitzRoy buscaba un acompañante culto para su viaje por el mundo. Darwin, que en ese entonces era un estudiante de geología que vagaba por las montañas de Escocia admirando paredes de granito y recogiendo escarabajos —un caso perdido, para muchos el hijo tonto— fue recomendado por sus mentores para el puesto. Sin embargo, al presentarse ante FitzRoy en el puerto, Darwin no contaba con que el capitán fuera seguidor de una popular teoría por aquel entonces, teoría según la cual, se podían atribuir rasgos de carácter a la personas de acuerdo con la forma de su nariz. A FitzRoy no le gustó la nariz del susodicho, y lo primero que pensó fue en rechazarlo; sin embargo, fue durante su charla que la bonhomía y el carácter dócil y tranquilo del joven muchacho le hicieron recapacitar y ofrecerle que lo acompañara. Lo de acompañar, claro, era un decir, pues lo que el joven Darwin estaba llamado a hacer era escuchar sus quejas contra la tripulación y la mala mar y, llegado el caso, evitar que el capitán se pegara un tiro; el propio FitzRoy había llegado a capitán del Beagle tras el suicidio de su predecesor.

Antes de zarpar del puerto de Plymouth podemos hablar de Darwin como miembro de una renombrada familia de doctores y de su frustrado paso por la escuela de medicina (se desmayaba en las autopsias). También, más atrás, estuvieron los libros: leyó con admiración los relatos de Alexander von Humboldt y John Herschel, y leyó, además, Maravillas del mundo, un libro muy popular en la época que avivó su deseo de conocer otras regiones.

Ruta que siguió el Beagle con Charles Darwin a bordo. Salió de la bahía de Plymouth el 27 de diciembre de 1831 y llegó a Falmouth el 2 de octubre de 1836, 5 años después.

Apenas comenzado el viaje, Charles se dio cuenta que pasaría los días entre mareos y desarreglos estomacales. Luego de aventuras y pesares varios, y de dar la vuelta en Cabo de Hornos, llegó a Chile, una república que recién se formaba, en una etapa de efervescencia en la que cada grupo sugería qué diseño de bandera, escudo o forma de gobierno era la mejor, y varios al norte y al sur de Santiago no queriendo participar de modo alguno en el entramado. 

En su viaje con el Beagle pasó por varias ciudades hoy extintas, como es el caso de Puerto Hambre, en el sur, cerca de donde está Punta Arenas, y Cobija, una ciudad primero boliviana, después chilena y después de nadie, pues se difuminó en el desierto y en la formación caótica e imparable del estado nacional. Algunas de las observaciones hechas en Chile le ayudaron a idear la famosa “Teoría de la descendencia con modificación” (o Teoría de la Evolución), hasta la fecha, la teoría de las ciencias empíricas que lleva más tiempo sin ser desmentida. Lo más relevante de sus postulados es que cambiaron no sólo el modo en que veíamos el mundo, sino cómo nos veíamos a nosotros mismos. En ese sentido, la figura de Darwin puede ser una ventana, o un portal (¡ya lo es!), a una manera de pensar en la que nos concibamos como parte de la naturaleza

Y nunca ha sido tan importante como ahora entender el mundo natural. En los últimos 50 años la vida salvaje se ha reducido, en promedio, en un 60%. Cuando yo era niño aún permanecía la idea del mundo silvestre como uno amenazante, pero al margen de nuestro gusto por las fábulas, que ojalá siempre siga, los animales salvajes ocupan espacios cada vez más pequeños, y son cada vez menos. Más bien estamos llenos de animales a nuestro servicio como gallinas, vacas y cerdos. Y las gallinas son interesantes, como dinosaurios en miniatura que son, pero que en el planeta haya 18.000 millones de ellas y solo mil gorilas de montaña dice mucho del desequilibrio que hemos creado…

Darwin en el país desconocido

De nada de eso trata precisamente mi novela Darwin en el país desconocido; estos son solo algunos apuntes de mi acompañante, el Darwin que en mi historia, poco a poco, empezó a desaparecer para dar vida a otro Darwin, igual de curioso y colorín, pero que se mueve con más ligereza en el particular mundo de circunstancias que dibuja la novela.

El deseo del protagonista creó sucesos y personajes a su alrededor, y junto a él nacieron las detenciones, meandros, pausas y giros misteriosos que hacen que una narración se vuelva una novela. En este viaje, del que, como digo, yo no tenía mucho control, sí ocurrieron cosas que imaginé al comenzar. Que Charles se enamorara en Valparaíso. Que Charles hablara de amor. Que Charles encontrara en el cuerpo de otra persona ese país tranquilo que tanto buscaba.

Así, durante gran parte de la escritura, fui ese aprendiz recién subido a un barco, medio mareado y con preguntas a cada rato, y quizás lo sigo siendo ahora, pero aquí estoy, hablando agradecido de este personaje famoso y de la travesía por tantos mundos que me llevó a dar.

  • Guionista de documentales científicos y alumni del máster en Estudios del Discurso.



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