Las humanidades importan

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Las humanidades importan

Eloy Romero Blanco nos explica cómo la beca Fulbright le permitirá proseguir un “viaje” apasionante que empezó de niño.

El 11 de octubre de 2018 acudía por primera vez al Servei de Carreres Professionals de la Universitat Pompeu Fabra. En una pequeña sala, la orientadora profesional Montse Mazón me mostraba el formulario inicial para participar en la bolsa de empleo de la UPF. Pese a mis dudas iniciales, las palabras de Montse Mazón me convencieron para seguir las directrices del Servei a fin de encontrar un trabajo temporal que me mantuviese en Barcelona hasta obtener una beca de doctorado. Esas reticencias se fueron disipando a lo largo de los diferentes encuentros que tuve con Montse durante prácticamente un año. Su vocación y espíritu positivo fueron vitales para reconducir mis aptitudes académicas hacia el mercado laboral. Debo de confesar que inicialmente fui pensando que no tenía nada que perder, y salí descubriendo una serie de herramientas con las cuales aplicar mis conocimientos universitarios a nuestra sociedad y que terminaría con la posibilidad de hacer una beca Fulbright.

Meses después, a principios de junio de 2019, de nuevo me encontraba ante ella, pero esta vez era diferente. Acababa de ser nominado para realizar la entrevista de la beca Fulbright. Sin mucha antelación, Montse arregló un encuentro en su apretada agenda únicamente para ofrecerme distintas metodologías con las que enfrentarme a la entrevista. A parte de esta ayuda, debo subrayar el apoyo incondicional de profesores y profesoras de la Facultad de Humanidades que se mostraron entusiasmados con la idea de aplicar a la beca. Entre ellos, Josep M. Fradera, Stephen Jacobson, Teresa Segura y el grupo de investigación GRIMSE en su conjunto. Fue en el seno de este grupo donde mi proyecto tomó forma y se hizo merecedor de este reconocimiento.

Todo empezó con “Rhapsody in Blue”

Si bien me encantaría narrar hechos asombrosos o momentos transformadores de mi vida que me llevaron a interesarme por Estados Unidos, lo cierto es que fueron más bien hechos fortuitos. Corría el año 2000 e iniciaba mi etapa de estudiante de piano en el conservatorio de Huelva. Mis abuelos, a fin de apoyarme, tuvieron la genial idea de regalarme en VHS Fantasía 2000 de Disney. Para quienes no conozcan esta obra, se trata del acompañamiento de piezas clásicas con dibujos animados. Entre las piezas, quedé prendado por la obra clásica-jazzística Rhapsody in Blue del compositor estadounidense George Gerswhin. Esta composición y la historia evocadora que narraba Fantasía despertó mi curiosidad por conocer la historia de Estados Unidos.

Pasaron los años, pero mi interés por la historia se mantuvo vigente. Ya en la carrera de Historia en la Universidad de Huelva, me entusiasmé por la historia de América Latina. Ello se lo debo mucho al profesor de esta materia Manuel Andrés. Sus clases acababan siendo una lluvia de ideas constantes que le dejaban a uno exhausto de tanto pensar. Su vocación, sin duda, me contagió para cursar un año académico en la Universidad de Antioquia (Medellín, Colombia) donde acabé por perfilar mi carrera investigadora en base a las históricas relaciones entre España, Estados Unidos y Latinoamérica.

La llegada a la UPF

Tras esos años en Huelva, crucé en diagonal toda la Península Ibérica para cursar el Màster en Història del Món en la Pompeu Fabra. Pese a estar solo un año, algunas de las asignaturas que cursé cambiaron enormemente mi forma de abordar la historia. Fue en este lugar, y con los consejos de mi tutor Josep M. Fradera donde descubrí en la historia de Nueva Orleans el lugar que me permitiera aunar el enfoque histórico que inicié en Colombia. Con las enseñanzas de este máster, me sentí motivado para cursar un doctorado en la universidad de Pittsburgh, una de las universidades líderes en las nuevas metodologías de la historia global y la historia atlántica. Sin embargo, faltaba el medio para hacerlo. Y fue la beca Fulbright la que me proporcionó la posibilidad de cruzar el charco.

A parte de las motivaciones académicas y mi interés por la cultura estadounidense, creo que hay otro factor esencial que explican mi decisión de aplicar a la beca Fulbright. Este no es otro, aunque pueda parecer poco importante, que el tiempo. Era conocedor de esta beca desde mis años en la Universidad de Huelva, pero hasta entonces no me había planteado seriamente aplicar a ella. Fue en esos meses de desconcierto laboral y a la espera de las becas predoctorales -casi un año-, cuando encontré el tiempo suficiente y la motivación para solicitarla. He de reconocer que el proceso de elaboración del proyecto no fue fácil, pero sí muy enriquecedor. No era necesario solo pensar en lo académico, sino reflexionar también sobre su aplicación práctica, su utilidad y su posible impacto en la sociedad actual.

Acercar las humanidades a los espacios de discusión

En tales aspectos, esta beca brilla con luz propia. Ser Fulbright te da la posibilidad de participar en un sinfín de congresos, encuentros culturales y debates académicos con becarios de todo el mundo con quienes poder compartir proyectos, ideas y opiniones diversas. Desde la universidad he sentido como la historia se encuentra alejada de los debates actuales en la sociedad. La beca Fulbright me va a permitir alcanzar uno de mis anhelos del presente: incorporar las disciplinas humanísticas en espacios de discusión globales donde tratar las problemáticas actuales de nuestra sociedad.

Este post ha tenido, por consiguiente, varias ideas principales: por un lado, animaros a participar en los distintos servicios que ofrece la Pompeu Fabra. Por otro lado, empujaros a molestar -en el buen sentido, claro- a los profesores y profesoras a compartir vuestras motivaciones y objetivos a largo plazo. Y no menos, animaros a buscar vuestros proyectos sean cuales sean. Aunque soy consciente que ningún camino que recorremos es fácil y que las circunstancias personales de cada cual condicionan enormemente su devenir futuro. Por último, querría dirigirme a quienes se interesan por las Humanidades. ¡Éstas también pueden aspirar a grandes reconocimientos como la beca Fulbright! Por tanto, no debemos menospreciar nuestro papel en los asuntos que preocupan a nuestros vecinos, amigas y familiares.

Pero volvamos al principio, pues creo que no conté toda la verdad… Junto a mí no solo estuvo Montse Mazón, sino también, y además: profesoras, amigos y compañeras que, con sus comentarios, opiniones, y en suma, desde su labor silenciosa y participativa me ofrecieron el apoyo necesario para alcanzar la beca Fulbright. Sin duda, como dijo Machado “caminante no hay camino”, pero en mi caso fue gracias a quienes estuvieron a mi lado, pude “hacer camino al andar”.

  • Especialista en Historia, siglo XIX de América, Caribe y Luisiana.



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